Notas para regresar a un viernes

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Tal vez en La Habana se dé la concreción más exacta de la letanía insular, des-contemporánea—decir que se vive después de algo es olvidar que siempre se ha vivido en tres tiempos, y que de esa trinidad el presente, al que tanto culto rendimos, es la figura más efímera— sobre lo amorfo del tiempo después del final: Es el tiempo de los acontecimientos materiales puros a los que se enfrenta la creencia durante todo el tiempo que la vida pueda soportarla.  Y tal vez la serie Hotel Roma, 2017, del fotógrafo cubano Leandro Feal, sea una de las mejores anestesias sensoriales en el tambaleo entre la nostalgia y la utopía.

El bar Roma, en La Habana Vieja, fue uno de esos lugares amables en los que cualquier mueble u objeto, cualquier volumen identificable, podía ser tribuna: pasillos, puertas abiertas, noches espesas y experiencias públicas. Espacio de ficciones precariamente al día: anonimato, pasarela, ciudad de bordes porosos pero indisolubles, travestida, colador por el que se escurre una llamada nueva cultura, mainstream de bolsillo. Esa azotea, dicho desde la nostalgia, estuvo siempre lista para desaparecer, para regresar al vacío en este atropello en el que nunca pasa realmente nada.

A la fotografía de Leandro habrá que volver para completar los imaginarios de nuestra historia más inmediata. Ahí estamos todos, algunos a su pesar.  Sus imágenes pueden ser también intento de fijar, dándole el peso de alguna forma verosímil, una generación descentrada entre adolescencia inconclusa y madurez a marcha forzada. Fijar, es decir, reencontrar, reescribir, recopilar, clasificar, corregir, suprimir, inventariar, participar, equilibrar, suponer, dividir, yuxtaponer, intercalar, solapar, sobrevivir, extender una generación para—como el gato con que Lezama comparó el viento—dejarse definir.

Yo no hablo con fotógrafos, su exposición personal para la Galería Servando, curada por Abel González Fernández, se inauguró en La Habana en diciembre de 2017 y cerró sus puertas el pasado 12 de enero. A Hotel Roma (2017), plato fuerte, se sumaron imágenes de otras series como Tratando de vivir con swing (2006-2008), la primera de Leandro. Completaba la muestra la Canon 5D Mark II, a la derecha, rota. Las cámaras no siempre vuelan. Esta quizás haya sido una de las más incitantes exposiciones de la fotografía cubana contemporánea del nuevo documentalismo, en el maltrecho sistema de galerías institucionales de La Habana de estos últimos años, y, sin embargo, Yo no hablo con fotógrafos tampoco escapó al gusto insular por la antología.

Como a Georges Perec, me gustaría tener lugares estables a los que regresar, lugares intactos que sobrevivan con encanto indefinido. Quien dice lugares dice seres. Quién no quisiera, después de todo, poder regresar al otro y a uno mismo como a casa. En cualquier caso, ahí están las fotos de Leandro Feal, que también son un espacio en que habitar la ilusión de una geografía de la que seguimos olvidando que somos autores.

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