Boleros con guapería: Haydée Milanés y su voz de feeling

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Haydée Milanés en total estado de gracia. Fotografía Racso Morejón
Haydée Milanés en total estado de gracia. Fotografía Racso Morejón

Es su voz de feeling. Es su voz y ese temperamento -contenido- que subyuga.  Luego está la historia del Festival Internacional Boleros de Oro, el compromiso que asume en heredad con la trova y el género romántico por antonomasia. Lo cierto es que Haydée Milanés fue una de las intérpretes invitadas a esta edición del evento, probablemente la que más lo agradeció, un motivo alado para no perderse sus presentaciones el pasado miércoles en la sala del Museo Nacional de Bellas Artes.

Se las dedicó al 500 aniversario de la fundación de la Ciudad de La Habana.
Se lo dedicó al 500 aniversario de la fundación de la Ciudad de La Habana.

Regaló dos  tandas de boleros con apenas media hora de diferencia entre una y otra. Regaló dos conciertos donde dejó su trozo de alma con modestia y naturalidad. Lo menos que decían al salir del recinto era una tríada de adjetivos: bello, único, excepcional.

Con ella la música también habló por sí sola. Los temas  que escogió para este deleite se movieron por lo más clásico de la cancionística cubana que pondera los sentimientos hasta siempre. Y así puntualizó “quise incluir en el repertorio de música cubana de boleros y feeling dos canciones de  autores de México, porque hay una gran empatía, una gran relación, y una retroalimentación que ha existido  entre los músicos cubanos y los mexicanos, fruto de eso son estas canciones de Álvaro Carillo y Armando Manzanero”. Interpretó entonces “Se te olvida” y “Esta tarde vi  llover” respectivamente. Muchos las cantamos a dúo con ella, secretamente.

 “No es por nada, pero todo lo que hay aquí arriba es una maravilla”
“No es por nada, pero todo lo que hay aquí arriba es una maravilla”

De los compositores del patio recreó la obra de Ela O’Farril, Marta Valdés, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez  y, cómo  no ser posible, Pablo Milanés, canciones todas escuchadas, más bien sentidas, en la más absoluta  e íntima familiaridad.

Un poco por aquí, otro poco por allí arriba, alguno que otro del público la acompañaba, sobre todo los más veteranos según alcancé a ver cuando dejaba a un lado el visor de mi cámara para disfrutar su estado de gracia. ¿No lo había dicho aún? Pues Haydée Milanés cantó en total estado de gracia, custodiada por músicos de excelencia que iba presentando de manera aleatoria con un cariño a flor de piel: “No es por nada, pero todo lo que hay aquí arriba es una maravilla”, dijo. Tal como fue su relación con el público a pesar – o tal vez a propósito- de la guapería de algún que otro tema de Marta Valdés, como la Milanés le comentara a la compositora cubana cierta vez, según relató en un trozo de anécdota compartida con gracia.

Concierto bello, único, excepcional.
Concierto bello, único, excepcional.

Tampoco voy a dejar de decirlo, el éxtasis tiene sus ansias propias y ese público se quedó con deseos de escuchar más, sobre todo después que interpretara temas de su padre Pablo Milanés, y aun cuando no fueran boleros quisimos escuchar más de ellos dos.

Especial energía se sintió cuando invitó a su amigo y excompañero de estudio en la Amadeo Roldán, Cucurucho Valdés, según sus propias palabras dijo sentirse “feliz y plena cantando junto a él”; músico  recibido con  ovación y aplausos en sol sostenido. Magistrales interpretaron el bolero titulado “Cómo fue”, tema de Ernesto Duarte, con el cuál la voz de Haydeé Milanés y la sonoridad del piano consiguieron un momento de idilio muy particular.

El resto se pudo escuchar otra vez en la entrada del Museo Nacional de  Bellas Artes mientras el público -en segunda tanda- exclamaba con similar arrobamiento: bello, único, excepcional.

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