La guayabera: de leyendas e identidad

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Si hoy la guayabera cubana se usa lo mismo en los salones de moda más presuntuosos de La Habana, las ceremonias oficialísimas de la diplomacia, un guateque campesino o el más casual de los bares; si la visten desde los más célebres artistas hasta los menos conocidos, las desgastadas cobradoras en los museos o las vendedoras tan chics del Manzana Kempinski; si se acompaña por igual de la joyería más lujosa o la desenfadada bermuda; si se pasea por toda Cuba de día y de noche, en turistas y nacionales, hombres y mujeres, en rosado, verde, azul, marrón y el pulquérrimo blanco no es precisamente porque la guayabera haya surgido para tantos usos.

De hecho la prenda oficial cubana –establecida así para ceremonias diplomáticas desde 2010—, tuvo un origen tan común que muchos cronistas prefieren ignorarlo con el argumento de su precisión histórica casi perfecta. No sin razón.

Según la más difundida de las variantes, 300 años atrás José Pérez Rodríguez, inmigrante español asentado en la ciudad de Sancti Spíritus, sugirió a su esposa Encarnación Núñez la adaptación a su camisa de unos bolsillos delanteros lo suficientemente grandes para llevar el tabaco y las herramientas de trabajo. Sin más, el nuevo modelo ganaría popularidad en la comarca hasta llegar a su configuración actual, para convertirse en la más valiosa de las tradiciones cubanas si de moda se trata.

Cómo la guayabera se transformó desde la camisa típica hasta nuestra prenda más internacional, continúa siendo debate entre conocedores. Según María Elena Molinet, reconocida vestuarista e investigadora, en un inicio aquella fue adaptándose poco a poco a las necesidades propias del campo cubano hasta que su uso la convirtió en la pieza que conocemos hoy.

En entrevista publicada por Estrella Díaz, Molinet asegura que “la blanca camisa guajira se confeccionaba con materiales baratos y frescos; eran muy amplias y con una estructura similar a la mayoría de las utilizadas universalmente: se colocaba por fuera del pantalón, facilitando los movimientos de su trabajo y la entrada del frescor que penetra por los faldones. Como el instrumento más utilizado en sus labores agrícolas era el heroico machete la camisa presentaba unas aberturas a los lados para poder sacarlo y volver a colocarlo fácilmente en su funda”.

Para fines del siglo XIX esta configuración se mantuvo e incorporó algún decorado (bastillitas, botoncitos, etc.) y durante los primeros años del XX ya se reconoce una aproximación a lo que hoy conocemos como la guayabera cubana, distinguida por el canesú en forma de triángulo acompañado de hileras verticales de alforzas típicas que recuerda a la bandera cubana, la utilización de una veintena de botones así como los bordes y aberturas de rigor.

Sin embargo, nada la hace tan cubana como su evolución hasta hoy, una especie de culto a la nacionalidad que incluye lo mejor de la inventiva criolla, su conformación cargada de símbolos, la adaptación al clima en combinación con elegancia y hasta las incógnitas recogidas acerca de su surgimiento.

De todo esto da fe la casona espirituana localizada en las márgenes mismas del Río Yayabo, justo frente al puente del mismo nombre, uno de los más antiguo de Cuba, y bautizada, en medio de tanta magnificencia histórica, con un título nada pretensioso: Casa Museo La Guayabera.

Más de 250 piezas de personalidades históricas, políticas, de la cultura, arte o sociedad, permanecen a resguardo en este sitio, reconocido además por su trabajo en la preservación de los valores y uso de la más cubana de las tradiciones textiles.

La elegancia de la guayabera azul hasta los pies con botones de plata donada por Alicia Alonso; la exclusividad de la camisa usada por Fidel Castro durante la Cumbre de de las Américas celebrada en Cartagena de Indias, Colombia; la sencillez de las guayaberas de los Premios Nobel en Literatura Gabriel García Márquez y Miguel Ángel Asturias; los trazos de Nelson Domínguez sobre su propia prenda revisitada, y tantas otras historias también son parte de esta colección única de su tipo en el mundo.

Escrita en mayúsculas en el cartel de la entrada, La Guayabera parece la exaltación de lo que realmente fuera una camisa de trabajo en sus inicios. Si han pasado 300 años del antojo de aquel guajiro andaluz o poco más de un siglo de que un sastre local multiplicara su fortuna gracias a la producción de cientos de ellas, si los mitos sobre su surgimiento también dan cuenta del uso de los bolsillos para guardar guayabas como regalo a las enamoradas o el debate sobre nombre ha desempolvado términos y variantes como guayabana o yayabera, lo cierto es que este origen exacto no consigue ni remotamente un consenso digno.

La popular camisa de las alforzas y bolsillos tiene mucho más que la popularidad efímera de las modas cualquieras, considerada una de las valiosísimas tradiciones de la geografía insular y legítima expresión de cubanía.

No importa de dónde venga si llegó para quedarse.

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