Nadie sabe qué es una chambelona

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Cortesía: Red Chambelon

El lobo es un mal bicho.

No seas lobo.

Ahora bien: se tiene el escenario: la casa–estudio en orden: los pinceles donde van los pinceles, con el tip que dice pinceles, los rollos de cartulina donde van los rollos de cartulina, con el tip que dice cartulinas, las latas de pinturas en aerosol…

Debajo de los cuadros a medio terminar, de los grabados que cuelgan de cordeles, de las máscaras, de los estantes, las paredes son blancas.

Alrededor de una mesa en el centro, cada uno en una silla: Red Queen (espejuelitos, pelo verde, llegando a azul), Chambelon Man (una pierna tatuada), Maestro Tequilero (dreadlocks largos). Un cenicero al alcance del brazo de Chambelon Man.

En Santa Clara, cuando eran niños, CM tenía una videocasetera, se iba con MT al banco de películas, alquilaban muñequitos, los pausaban, y se ponían a dibujarlos. Ese fue el principio del arte. Una vez se inventaron personajes: uno, un robot, el otro, un hombre con pinchos. Hicieron una historieta. En la libreta de la escuela. Otra, quisieron hacer un corto sin idea de cómo se hace un corto. Era lo suyo.

CM, luego, estudió en el ISDI. Conoció a RQ. Se hicieron novios.

MT se hizo pintor.

–Hasta que un día –dice–, quemando en la casa, nos pusimos a buscar cosas que nos recordaran la niñez. Y nos quedamos con la chambelona, que es bastante cubana. Les hemos preguntado a una pila de extranjeros y nadie sabe qué es una chambelona. Todo el mundo le dice diferente: espiral, piruleta, lollipop. Y en esa locura de buscar cosas, nos creamos personajes: RQ, CM & MT. Entonces dijimos: Vamos a hacer un grupo.

Logotipo de #RedChambelon / Cortesía: Red Chambelon

Lo primero que hicieron como #RedChambelon fue emborracharse. Lo segundo, abrir la página en Facebook. Y comenzar a organizar la idea de hacer un libro con cuentos ilustrados, en base a un héroe:

–El lobo –dice CM–, que siempre es malo. Pobrecito el lobo.

Entonces empezaron a componer imágenes de lobos. Cada uno a su manera. Y empezaron a pensar de manera colectiva. A construir #RedChambelon.

–Empezamos a hacer grabados con un rodillo que yo tenía, un poco de tinta de imprenta y una gubia que tenía RQ –dice el Maestro–. Los primeros grabados los hicimos sobre suelas de zapatos. Ahora vamos a los zapateros, les compramos las planchas de PVC (policroruro de vinilo), las dividimos y nos repartimos.

Red Queen / Cortesía: Red Chambelon

Con la gubia, una herramienta de corte, calan la imagen sobre el PVC, crean la matriz, la imprimen presionándola con una cuchara sobre el cartón: el cartón es el resultado, la gubia es la única, la matriz puede volver a imprimirse, y una cuchara en la pared es la prueba de que este grabado que estás mirando no lo hizo ni una prensa, ni una imprenta, ni un robot, ni un hombre con pinchos.

–La cocreación es lo más importante. Por eso, aunque tengamos criterios encontrados, siempre logramos llegar a una unión, para que la idea crezca.

“A la hora de crear en colectivo, tienes que despojarte de un montón de barreras, de egoísmos, y abrirte a la bondad”–dice el Maestro, y eso se ha vuelto una filosofía. La casa de RQ, más que un estudio, se les ha convertido en un espacio de bienestar. Porque a #RedChambelon, más que la trascendencia, le interesa pasarla bien creando, vivir de hacer lo que les gusta.

–Y cuando tenemos un poco de dinero –dice RQ–, abonamos, y decimos: Vamos a comprar cuatro o cinco sprays, o un pomo de pegamento. En dependencia de lo que haya en las tiendas.

“Empezamos con grabado y pintura porque era lo que teníamos a mano, pero si mañana tuviéramos un cuarto lleno de barro hasta el techo, hiciéramos esculturas de barro”.

Chambelon Man / Cortesía: Red Chambelon

Lo que más dificulta la escultura es buscar los materiales: oro, bronce, madera. El Maestro, por ejemplo, una vez hizo una con papel, de tres metros de alto, y le puso un anuncio: Esta escultura fue pensada en bronce.

–Al principio –dice–, no teníamos intenciones de lucro. Después nos dimos cuenta de que cualquier proyecto debe ser autosustentable, así que empezamos a hacer trueques.

Cartel de la exposición Cuentos de lobos / Cortesía: Red Chambelon

Por eso, cuando unos amigos músicos, La Manigua Experience, los invitaron a formar parte de un concierto en el teatro América (la idea: crear un mural en vivo, mientras tocaba la banda), y dijeron que había presupuesto para los materiales, no pintaron con materiales propios, sino que utilizaron los que había, y se quedaron con el excedente.

Y así con un mural en la Fábrica de Arte Cubano. Y con otro mural, Del lobo un pelo, para una obra de Rogelio Orizondo. Hasta que, siete meses después de comenzar a ser #RedChambelon, el Centro de Desarrollo de las Artes Plásticas, les dio el espacio para que montaran la primera exposición de #RedChambelon. Y ellos, que a estas alturas tenían colas y pelos y aullaban, dispusieron de sus Cuentos de lobos.

El montaje les tomó una semana: 120 grabados de 24 matrices, el libro, y la matriz de una pieza grande. Colaron un spot en la Televisión Cubana, lo postearon en Facebook, y resultó: 170 personas, el 6 de abril, estuvieron presentes en la inauguración.

Proceso de montaje de Cuentos de lobos / Cortesía: Red Chambelon

–Artísticamente –dice CM, volviendo a la cuchara–, nos interesa más el proceso creativo que el resultado. Y lo reflejamos en Cuentos de lobos.

“Tú puedes imprimir una matriz, exactamente igual, hasta que se gaste o hasta que se rompa. Entonces quisimos enfrentar eso. Intervenimos nuestras propias matrices, y las imprimimos varias veces, sobre otros colores, sobre otras texturas, de manera que fueran diferentes en cada reproducción”.

–También pusimos una en una mesa, y todo el que quiso pudo imprimírsela –dice RQ–. Eso es algo que queremos: que la gente entienda que hay cosas que se pueden hacer a pesar de las trabas; que no tienes que estar esperando por el oro o por el bronce.

“Y queremos extender nuestra pincha a las comunidades, hacer talleres con niños. Y más allá de trabajar un muro, o de hacer un grafiti, queremos intervenir los espacios, recontextualizarlos, o descontextualizarlos. Crear imágenes acogedoras.

“Por eso, Cuentos de lobos es la búsqueda: yo hice todo esto antes de llegar a este resultado”.

Soplé la casa de hojas, la de palos, las derrumbé, soplé la de ladrillos, me subí al techo, entré a la chimenea.

Algo, en algún momento, saldrá bien.

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