Luisa María Jiménez: “Estoy como en el centro de la Tierra”

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2017
Luisa María Jiménez a través del lente de Pedro Coll. Tomada del CNAP
Luisa María Jiménez a través del lente de Pedro Coll. Tomada del CNAP

Subo a su apartamento en la calle C del Vedado y la encuentro en la puerta. ¡Acabo de llegar a la casa!, me dice, ¿Qué hora es, no habíamos quedado para las 2?

—Son las dos y 18 –digo– es que cambiaron la hora.

—¡Dios mío!, con el corre corre ni me he dado cuenta.

Es domingo de elecciones en Cuba, pero le propongo a Luisa María Jiménez —la Tojosa, Lala Contreras, la mulata del Tabo, la profe de S.O.S. Academia y más recientemente la Gloria de Por qué lloran mis amigas— que hablemos, entre otras cosas, sobre sus elecciones personales, como actriz.

“Yo soy muy selectiva para todo: para las amistades, para la alimentación, —sonríe—; para los estilos de vida —cuál estilo de vida quiero tener; cuál es el camino que quiero andar. Eso ha ido cambiando, una no puede imaginar que sea la misma a los 15, a los 30, o a los 40”, adelanta.

La Luisa de esas primeras edades quedó grabada en el papel de Lala. Junto a Nacho Capitán, Berena, Lucio Contreras y Justa, Luisa ha sido la joven mulata que empastaba con los caballos en la telenovela Tierra Brava, y pervive en el recuerdo del público. Ahora llega Gloria.

“Yo había trabajado antes con Magda González Grau, es una realizadora que admiro mucho; tenemos como una mutua admiración y nos entendemos muy bien. Había hecho con ella el teleplay Añejo 5 siglos. En él participó también Amarilis Núñez y entonces para este proyecto ella nos llamó a las dos. Fue algo maravilloso que nos sucedió, y agradezco a Magda y a la guionista Hannah Imbert Morell”, relata Luisa.

¿Te sentiste especialmente motivada por que fuera dirigida y escrita por mujeres la película?

—Totalmente, en el cine cubano resulta algo atípico, porque es un cine machista, siempre hecho por hombres, con la mirada desde la masculinidad. Por eso esto ha sido un fenómeno: todo el equipo en su mayoría es de mujeres, las actrices y el equipo técnico. Fue maravilloso, único, y ya se ve el resultado. Estoy muy contenta de ser parte de la inauguración de la cinematografía cubana realizada por mujeres, de temática feminista, donde la mujer es protagonista de su historia y de sus conflictos.

“En cada una de nosotras se ve la postura de lo diferente. Cada una, con su distinta perspectiva y experiencia, defiende a ultranza sus posiciones. Ellas son resultado de su tiempo. Estoy orgullosa de haber sido parte de este proyecto tan profundo, tan diferente y reflexivo, que creo está marcando una pauta en la cinematografía cubana”.

—¿Elegiste a Gloria, o ella a ti?

—La manera de repartir los personajes fue muy graciosa porque nos reunieron a todas y nos dijeron: ¿Cuál es el personaje que cada una quiere interpretar?

“La mayoría quería el mío. A Amarilys (Núñez) le gustaba el mío, a Yazmín (Gómez), a casi todas… y yo escogí ese. Ya después, como no me iba a dejar quitar a Gloria, las demás actrices se fueron acomodando a los personajes que más les venían o les tocaban, cada una con el que se sentía más cómoda.

“Fue un proceso muy creativo, de grandes luchas emocionales. De días de risas, de llantos, de dudas, de ir hacia adelante y de pronto hacia atrás en la búsqueda de cómo llegar a través de esos personajes a la esencia de lo que se quería; días de pararnos y no encontrar nada. Fue un proceso creador de los mejores que he tenido, que yo recuerde, como antesala de la filmación”.

—¿Encuentras puntos de contacto entre este personaje y otros que has interpretado?

—Es un personaje que no se parece a los anteriores. No. Yo en El año que viene también interpreté a un personaje bastante complicado, era incluso una mujer alcohólica, pero era otra cosa.

—A mí me recuerda un tanto al de la serie televisiva S.O.S. Academia

—¿Sí? ¿Por qué te la recuerda?

—Por lo exigente…

—Era una maestra exigente para obtener resultados de sus alumnos. Una coreógrafa con un grupo indisciplinado al que ella exige para obtener resultados, y los obtiene. Además, tiene cáncer —nadie lo sabe—, y es exigente por la premura que tiene, no le queda tiempo para lograr los resultados del grupo. Ellos llegan a comulgar con ella. Es un personaje muy bello; me gustó mucho. Está en una arista distinta a la de Gloria, cuya exigencia es retrógrada.

Junto a Vladimir Cruz en la novela La Botija. Foto tomada de Isla Local.
Junto a Vladimir Cruz en la novela La Botija. Foto tomada de Isla Local.

—Aquel es un personaje de televisión, como otros que quedan en la memoria colectiva. ¿En qué medio te sientes más cómoda?

—Chica, yo me siento muy cómoda en todos, por ejemplo, soy una persona del teatro, ahí fue donde empecé. El actor se forma y se completa en el teatro y allí es donde crece y obtiene las bases fundamentales. Adoro el teatro, pero con la televisión no tengo ningún problema, ni con el cine.

“A mí no me pasa como a otros actores que les cuesta salir de un medio a otro, se sienten incómodos y se ven forzados o sobreactuados. Creo que el actor debe ser de todos los medios porque para eso se es actor. No comparto eso de que ‘tú eres de una casita’… No, ‘tú eres un actor’. Hay que saber nadar en cualquier agua.

—¿En qué momento está Luisa María Jiménez?

—No me gusta hablar de mí, espero que sean los demás quienes lo hagan, desde fuera, con otra visión; las personas son inteligentes y dan opiniones increíbles que se salen de lo que uno mismo concibe de sí y de sus personajes. Pero creo que estoy en un momento sólido, de una gran madurez. Te estoy hablando de mí, pero a través de mí sale la actriz. Claro, la base de la actriz es la persona y si uno no está bien afincado, no puede ser un buen actor. Eso va creciendo con el tiempo, en la medida que vas conduciendo tu personalidad, mirándote más hacia dentro y aprendiendo a escuchar, te vas convirtiendo en equis actriz, en equis artista.

“Creo que estoy en un gran momento de mi vida, muy centrada. Estoy como en el centro de la Tierra, llegué a ese punto y lo que pase de ahí para allá no sé.

“Todos los errores que he cometido me han enseñado mucho y me gusta, tal vez por haber sido profesora, ir por la vida mirando y aconsejando sobre todo a los jóvenes, diciéndoles algo que les pueda servir según lo que yo vaya viendo en cada uno de ellos. No es que vaya de buena samaritana, pero me gusta aconsejar porque fui joven y aventurera y lo que no deseo para mí, no lo deseo para nadie”.

—¿Eres idealista? ¿Cuáles son tus creencias?

—Soy una persona muy espiritual, no específicamente religiosa. Me gusta la religión como cultura y no me niego a ver ni participar de la cultura religiosa. Yo digo que mi dios está dentro de mí, buscando la verdad, está en la naturaleza, en lo que veo positivo, en mi hija, en mi nieta, en no hacer daño, en tratar de ser honesta. Creo que dios es eso, distinto para cada ser humano. Es mejor buscarlo y sentirlo en lo que vivimos cada día.

—¿Cómo es tu día a día, qué escuchas, lees, ves…?

—Me gusta toda la buena música, desde los cantos gregorianos hasta los hinduistas y la música de Steam; adoro a Beethoven y la trova tradicional. Me gusta leer, como es natural… una actriz que no lea, ¡por favor! Me gusta el cine, las buenas series de televisión, y la ciencia ficción, donde uno descubre cada mensaje. También disfruto los temas epocales porque me doy cuenta de que son cada vez más actuales.

—Aunque eres joven para este tipo de pregunta, ¿cómo quisieras que te recordaran?

Luisa María Jiménez junto a Magda González Grau. Imagen tomada de la Agencia Cubana de Noticias
Luisa María Jiménez junto a Magda González Grau. Imagen tomada de la Agencia Cubana de Noticias

—Como la artista que los hizo emocionarse, que los hizo vivir y la recuerdan porque les supo trasladar lo que ellos necesitaban ver, oír, sentir. Que yo haya sido como el puente por donde transitaron para sentir y vivir cosas que estaban necesitando y les di, al menos un poco.

Detengo la grabadora. Pido agua y, mientras, observo los cuadros en la pared de Luisa. Ella viene con el agua —ozonizada, ya había dicho cuán selectiva es— y le pregunto por un dibujo en el que se ve especialmente atractiva. Me cuenta que un francés se lo hizo mientras ella caminaba por París. Con ese recuerdo salgo por su puerta y la imagino, en forma de película, actuando en la vida.

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