La mística urbana de Danay Suárez

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Si usted pregunta entre los cubanos por Danay Suárez, posiblemente muchos encogerían los hombros. Si luego baja a los sótanos del undeground, le hablarán de una cantante impetuosa y profundamente espiritual. Su primer disco, Yo aprendí, fue adoptado por tantos como un clásico y le permitió cruzar las fronteras de la isla convertida en un símbolo de la cultura hip hop.

Danay canta como si tuviera la fuerza de la Motown detrás. Se sube a los escenarios como si para ella el caos fuera una zona de control. En sus letras habla sobre Cuba, su vida y su visión de la realidad como si tuviera la voz sobre brasas encendidas. Al menos hasta el pasado año. Porque ahora salió al terreno otra Danay, convertida al cristianismo. Pero vamos a colocar el foco en su nueva versión algunas líneas después. El peso de su historia en la música nacional es el mejor camino para comprender la evolución de una de las artistas jóvenes cubanas de mayor repercusión en las ligas internacionales.

Danay nació en las entrañas del Cerro, municipio popular donde los haya, y se paró sobre su origen para retratar los conflictos de toda clase que marcaban la espalda de su generación. La cantante hizo sus primeras incursiones en las peñas de hip hop y desde ahí tomó impulso para lanzarse a la conquista de los escenarios cubanos e internacionales.

Ya puestos, hay que agregar que Danay no tuvo tiempo (ni apoyo suficiente) para visibilizarse en la isla pues fue, digámoslo así, descubierta rápidamente por el entrenado ojo del dj británico Gilles Peterson, quien logró programarle varias fechas en los carteles de algunos de los más importantes festivales. En sus giras foráneas ha sido considerada la exponente femenina con el sello más personal e influyente del hip hop insular.

No obstante, cuando le pregunto por su trayectoria como rapera, Danay se desmarca de esa etiqueta, como un delantero de oficio. “Mi carrera no es de rap. Si se busca en mi discografía podrían sumar siete las canciones que he hecho durante toda mi vida en las que rapeo”, dice, y lueg señala a la prensa como responsable de esta confusión.

Danay Suárez
Danay Suárez

“Ha sido la prensa la que me ha ubicado en ese contexto ya que mi disco Polvo de la humedad fue grabado en un estudio urbano con sonidos de reggae, soul y hip hop y los primeros escenarios donde canté eran peñas de hip hop. Me he enfocado en defender valores humanos y morales dentro de mi música y no un género determinado”.

Sin embargo, no se deben obviar los vínculos existentes entre Danay y la escena de hip hop. La cantante grabó su clásico Yo aprendí en los artesanales e históricos estudios Real 70, armados por el MC y productor local (Papá Humbertico), y ha colaborado con  conocidos exponentes de este género como Los aldeanos, las Krudas, Obsesión o Mano Armada.

Tal vez estos rasgos biográficos ayuden a entender sus primeras canciones y el centro emocional de una cantante que se cocinaba al vapor en La Madriguera y en otros espacios que abrían las puertas, la mayoría con la timidez de un púber, al rap “made in Cuba”.

De su relación con Gilles Peterson, fundador del proyecto Havana Cultura, nació el material Havana Cultura Sessions. En medio de la vorágine creativa Danay apenas tenía tiempo en la agenda para subir a los escenarios cubanos (aunque  en la isla tampoco reclamaban demasiado sus servicios). Diversos festivales internacionales y otros eventos de relumbre requerían continuamente su nombre en la grilla y era invitada a conferencias, como Latin Alternative Music, del influyente sello estadounidense Nacional Records, para representar a la música cubana más contemporánea. Ahí está, por ejemplo, su prueba de fuego en el festival colombiano Rock al Parque, que saltó a los titulares de numerosos periódicos del país latinoamericano.

Danay estuvo un tiempo caminando por el lado salvaje de la existencia. Eran los años en que el hip hop cubano funcionaba como un movimiento de músculos fornidos, el cual, pese a su escasa promoción, convocaba a miles de seguidores a lo largo de la geografía insular y los grupos de la ahora llamada viaje guardia se manifestaban en todo su esplendor.

Luego sumaría influencias de otros géneros de raíz negra como el jazz y el rhythm and blues. De ese cruce de caminos nacieron sus colaboraciones con los astros locales Roberto Fonseca y Roberto Carcassés, dos pianistas y productores instalados en la primera línea de la música cubana.

Danay acaba de presentar en Miami su segundo disco de estudio Palabras manuales. La cantante puso en órbita el fonograma en medio de la polvareda de la polémica suscitada por su actuación en el Festival Viña del Mar, en Chile. Durante la competencia, Danay fue descalificada al cambiar la letra de Yo aprendí por la de Dejando el mundo. Su decisión, como era de esperar, la condujo a la descalificación. Pese a eso, en un lance inédito, el jurado le otorgó un reconocimiento equivalente al primer lugar. En Viña, Danay se paró sobre sus 31 años y llevó su música a un plano bíblico al leer algunas oraciones y decir que era una enviada de Dios, algo que obviamente sonó muy raro a casi todos.

En cualquier caso, Danay se muestra muy entusiasmada con sus Palabras Manuales, su tercer disco, en el que asegura que hay puntos en común con Polvo de la humedad. En el CD, compuesto por 13 tracks, se incluyen colaboraciones con Stephen Marley, hijo de Bob Marley la cubana Rita Marley, El B de Los Aldeanos y el israelita Idan Raichel.

“Este disco es la inspiración, habla de todo un poco y tiene bastantes semejanzas con mi primer álbum, Polvo de la humedad. Es una transición hacia otra cosa en mi carrera. Haré luego otro con menos instrumentos y espacios para la voz, sin doblar voces ni trabajar tanto los coros”, comenta Danay. “Es la primera vez que existe este tipo de colaboración entre un cubano y la descendencia de Bob Marley. De hecho no sé qué artista latino haya hecho una colaboración con algunos de los Marley. Significa acercarme a la raíz del reggae, a su fuente principal. Durante la grabación tuvimos tanto en común que empezamos a hablar el mismo lenguaje y nació una relación muy buena entre los dos. Stephen es un artista muy versátil. Su último disco se desprende un poco del reggae y abraza otros tipos de trabajos.”

Danay, sea la versión que sea, ha tomado la vida como un experimento personal que le ayuda a poner orden en el caos desde una mirada muy propia y a escribir canciones que, si bien apenas se conocen en la isla, son clásicos de una época y un país que pugna por cambiar. Y Dios, en esta partida, no tiene mucho que aportar.

¿O sí?

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