La Habana: una ciudad que se mueve

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Foto: Racso Morejón

Lo de ciudad maravilla muchos lo podrán dudar, pero de que La Habana es una ciudad en movimiento, no. En términos danzarios se movió muchísimo entre los días del 11 al 15 de abril durante la edición 23 del Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos “Habana Vieja Ciudad en Movimiento”, evento patrocinado por instituciones, culturales o no, pero nacido dentro de los farallones  de la sede de la compañía Danza Teatro Retazos que dirige Isabel Bustos.

Foto: Racso Morejón

Ciudad en Movimiento suma cada año proyectos nuevos y tendencias de vanguardia en el arte de la danza. No hay que decir que cada  una de las presentaciones resulta impecable; lo que sí queda como una excelente composición es que se ha transformado en un festival rompecabezas, y se va armando con el de cursar de sus días, mirando las coreografías como piezas y acomodándolas en el nivel de preferencias del público callejero.

Ser y hacer la danza en la calle es un valor extraordinario de Ciudad en Movimiento. Está pensada para el transeúnte que se arrima a los parques y plazas del Centro Histórico de la ciudad, para sus vecinos, los turistas absortos a quienes una ciudad les salta delante de las narices y les hacen mover a no pocos las caderas.

Foto: Racso Morejón

Ciudad en Movimiento es también un magma de energías, música, cuerpos que se fusionan, estilos, estéticas, sensaciones y aprehensiones que  fecundan el estado de ánimo de quienes ven pasar la muchedumbre en bacanal.

Con Danza en Paisajes Urbanos el lenguaje del cuerpo in-corpora percepciones disímiles, sentimientos y experiencias transitadas por las circunstancias vitales de sus coreógrafos y bailarines. Todo es fusión para la danza, el amor, el desamor,  la violencia, la ternura, el drama humano de la guerra, las diferencias sociales y sus rigores, la angustia y el desasosiego, las tradiciones y lo contemporáneo, lo clásico y lo que aún es un proceso creativo en formación, la actuación, el performance, el folclor y los bailes populares, la idiosincrasia y la sensualidad, el caos, los conflictos de género, la luz que se implica con el bailarín hasta hacerse su cómplice… Un compás que conecta las almas que bailan con las del público, eje interior de cadencias y energías, otra de las vorágines de este festival.

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