Todo lo que quisiste saber y nunca te atreviste a preguntar sobre el concierto de Diplo y Major Lazer en Cuba

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Concierto de Diplo y Major Lazer en La Habana / Foto: Cortesía del entrevistado

Hace exactamente dos años, tocó por primera vez al aire libre en Cuba un grupo de música electrónica estadounidense. La noticia del concierto de Diplo y Major Lazer había levantado una creciente ola de expectativas entre los jóvenes cubanos y la alineación estuvo a la altura de las exigencias. Atacaron desde el escenario con una potente mezcla de EDM (Electronic Dance Music) que transformó el malecón habanero en un río de sudor y, en dos horas, logró que una legión de jóvenes compartiera el éxtasis y la euforia cuando  pusieron sus cuerpos en libertad al ritmo de la música que llegaba desde arriba.

El concierto fue la antesala de un mes histórico para Cuba tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Primero, el concierto de Diplo, después la visita de Obama, el juego de pelota entre los equipos de Cuba y Tampa Bay, y el desfile de Chanel, y como punto culminante el sonado concierto de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva.

El productor cubano Fabien Pisani fue uno de los máximos responsables del concierto de Major Lazer y lo armó como parte del festival Musicabana, que también posibilitó el debut del dúo franco-cubano Ibeyi en la isla.

Celebrando el final del concierto con Walshy Fire, Christopher Wangro, David Kirchner and Sebastien Reant (derecha a izquierda) / Foto: Cortesía del entrevistado

¿Cómo nació la idea de organizar un concierto de Diplo en Cuba?

Fabien Pisani: Diplo y Major Lazer fueron una idea constante desde principios de 2014, cuando empezamos a organizar el Festival Internacional Musicabana.  La idea original del festival era reactivar el intercambio cultural entre Cuba y el mundo: con el Caribe, Nueva Orleans y Veracruz, pero también con Barranquilla, Salvador de Bahia, Lagos, Dakar, Cádiz y, por supuesto, con Nueva York.

Queríamos traer a gente como Red Hot Chili Peppers, Angélique Kidjo, Carlinhos Brown, Sean Paul, Sting, Mayra Andrade, Damian Marley, Farruquito, Gilberto Gil, Buika, Bomba Estereo, Tego Calderón y Trombone Shorty. Pero también era importante para nosotros incluir la música electrónica por el peso que tiene hoy en día y porque es la música favorita de una buena parte de la juventud cubana. Sin embargo, queríamos traer a un artista que hiciera electrónica con identidad caribeña. Conocíamos el trabajo de Diplo y Major Lazer y su Mad Decent Block Party y establecimos una buena sinergia con ellos en términos de sensibilidad y de concepto.

¿Cómo lograste llegar a Diplo?

FP: Para hacer un festival así hay que hablar con cientos de personas. Sobre todo tratándose de Cuba, donde no tenemos muchos recursos y hay que hacer que mucha gente se enamore de la idea para que un artista venga y muchas veces pague de su propio bolsillo.

Recuerdo que en una reunión con una agencia musical en Nueva York, en noviembre de 2014, yo estaba haciendo una presentación de Musicabana y, cuando empezamos a hablar de los artistas que queríamos invitar, alguien me ofreció ponerme en contacto con el equipo de Diplo. A la semana me reuní con su manager, Andrew McInness, y parte de su equipo.

La reacción a nuestra invitación fue positiva. Sin embargo, ese fue un período muy intenso para Major Lazer tras el éxito planetario de su canción ‘Lean On’, y las cosas quedaron en un punto muerto durante algún tiempo. Yo seguí insistiendo durante varios meses hasta que de nuevo en agosto de 2015 respondieron y empezamos a trabajar.

¿Qué características tuvo la preparación de ese concierto?

FP: Lo primero que hay que destacar es que mucha gente quiere venir a tocar a Cuba, pero el asunto es tan complicado que por lo general se rinden. Nuestro trabajo en Musicabana y The Cuban Joint (nuestra empresa de producción) consiste en simplificar las cosas, allanar el camino, en explicarles a los artistas, agentes y empresas de representación y contratación cómo funcionan las cosas en nuestro país.

La idea original era hacer un concierto en La Habana y otro en Santiago de Cuba, pero debido a la apretada agenda de Major Lazer, la complejidad logística y altos costos de producción, al final solo se hizo el concierto en La Habana. Sin embargo, seguimos hablando sobre un posible regreso de Diplo y Major Lazer a Cuba y, por supuesto, de esa visita a Santiago de Cuba que sigue pendiente y que es para ellos muy importante por su relevancia cultural en el Caribe.

La decisión de hacer el concierto de Major Lazer dos meses antes de la primera edición de Musicabana fue deliberada: queríamos empezar con un concierto para los jóvenes en un momento de nostalgia y romanticismo hacia la edad de oro de la música cubana de los años 40 y 50.

¿Cómo fueron los contactos con el equipo de Diplo y las autoridades cubanas?

FP: Presentamos el proyecto al Instituto Cubano de la Música (ICM) en septiembre de 2015, gracias a PM Records, donde trabajo como productor general. En octubre trajimos a una parte de nuestro equipo a hacer un inventario de los recursos técnicos disponibles en La Habana y sus alrededores. En noviembre vinieron el manager, el agente y el responsable de seguridad de Major Lazer y varios miembros del equipo de Musicabana que fueron esenciales para la realización del concierto. Lo primero que hicimos (literalmente nos fuimos directo desde el aeropuerto) fue visitar varias locaciones desde Alamar hasta Playa, pasando por la Escalinata Universitaria y la Tribuna. Estuvimos casi todo un día en eso y, claro está, conversando y haciendo trabajo de mesa.

A la mañana siguiente tuvimos una reunión con los funcionarios del ICM que fue clave, pues enseguida hubo química y un buen entendimiento en cuanto a lo que se quería lograr. Salimos de ahí con la idea de hacer el concierto en enero de 2016.

Para nosotros era muy importante propiciar un intercambio cultural y que este concierto sirviera para promover la joven escena de la música electrónica en Cuba, no sólo como escenario exótico para una estrella internacional. Con la colaboración del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica organizamos un encuentro con casi 30 dj’s y productores de música electrónica en el que conversamos sobre los planes del concierto, dónde les gustaría que fuera, los estilos más populares en Cuba, y otros temas. Conversamos durante horas, porque había evidentemente mucha curiosidad de ambas partes. Al final recogimos toda la música de los cubanos y se la entregamos al equipo de Major Lazer para hacer una selección del elenco del concierto.

MH: ¿Peligró en algún momento la realización del concierto?

FP: Cuba es tierra santa en materia de música y casi todos los músicos quieren venir y compartir con nuestro público. Además, Cuba ha sido una fruta prohibida durante las últimas décadas, lo cual es un incentivo adicional para muchos que quieren ser los primeros.

¿Por qué entonces son tan pocos los que vienen? Porque es extremadamente complicado organizar un evento así en Cuba. Una de las mayores dificultades es entender cómo funcionan las cosas aquí. Muchos se impacientan y tiran la toalla. En ese sentido, mi trabajo y el de mi equipo es ser traductores de esas complejidades inherentes a la producción en nuestro país. Mi norma es ser muy transparente y diligente, explicando bien cómo funcionan las cosas en Cuba, facilitando que artistas, productores y empresas internacionales conecten con el circuito musical cubano y sus instituciones, a través de contactos cultivados durante años dentro y fuera de Cuba.

MH: ¿Cuáles son las dificultades de traer a un artista internacional a tocar en Cuba?

FP: El primer problema es el económico porque aunque tenemos una cultura muy fuerte no tenemos todavía en Cuba una industria cultural. Es increíble que muchos artistas estén dispuestos a venir gratis, pero siempre hay costes de producción: pasajes de avión, gastos de alojamiento, salarios del equipo técnico y artístico, sonido, luces, instrumentos, etc.

Otra dificultad es que creo que hemos perdido el amor y el respeto por el trabajo bien hecho y muchas veces las cosas no las hacen los mejores, los que realmente tienen el mérito de tomarse su trabajo en serio. Esto no solo afecta nuestra capacidad de producción de eventos culturales, afecta además nuestro desarrollo, promueve el facilismo y la mediocridad.

Estamos orgullosos de nuestro equipo y de la manera en que se trabajó para este concierto, un grupo internacional de profesionales, trabajando juntos, zanjando las diferencias con muy buena voluntad y muchísimo respeto mutuo. Al final, todos terminamos chapurreando un poco de inglés y español y era muy gracioso seguir nuestras conversaciones.

Dos personas fueron clave en nuestro equipo y trabajaron conjuntamente para asegurar que este concierto fuera un éxito: Mauricio Blanco (OKeventos), uno de los profesionales del espectáculo más serios y capaces que tenemos en Cuba, y Chris Wangro, productor consagrado de conciertos y eventos masivos, de Nueva York. Ellos negociaron las necesidades técnicas del equipo de Diplo y Major Lazer, línea por línea, para aprovechar al máximo todo el equipo disponible en La Habana y sus alrededores, llegando a compromisos satisfactorios para todos que nos permitieron hacer un buen concierto sin tener que traer todo del extranjero. Alguien clave en la coordinación y la logística fue David Kirchner, Productor Ejecutivo del concierto con una gran experiencia como productor de cine y televisión en los Estados Unidos. Sin ellos tres el concierto sencillamente no habría sido posible.

También es muy importante el papel de las instituciones culturales. Un evento de tal magnitud no se podría hacer sin su apoyo. Dos personas fueron clave en ese sentido, Iliana Mantecón, asesora jurídica de PM Records, y Carlos Estrada, Director de Programación del Instituto de la Música, además de Orlando Vistel y Osmany López, ex Presidente y Vicepresidente del Instituto, respectivamente, quienes apoyaron y siguieron de cerca la producción del concierto.

A pesar de todas las dificultades para hacer este tipo de eventos en Cuba, cuando se logra es mágico, especialmente porque tenemos un público muy especial y muy agradecido.

Diplo y Major Lazer en La Habana / Foto: Cortesía del entrevistado

MH: ¿Cuáles fueron a tu entender las diferencias con el concierto de Rolling Stones en La Habana?

FP: En el caso de los Rolling Stones se importó absolutamente todo, desde los camerinos y los generadores eléctricos hasta el escenario, el petróleo para los generadores y el agua que tomaron los artistas, además de incluso la mano de obra: la parte técnica fue asegurada por un equipo internacional de más de 300 personas que vinieron solo para ese concierto.

Fue un concierto histórico, pero no es un modelo a partir del cual nosotros podamos construir a largo plazo una industria cultural con una producción constante y sostenible. Necesitamos consolidar infraestructuras de producción que nos permitan promover nuestras propias ideas y conceptos, y construir un mercado cultural en nuestros propios términos. Trabajamos para que Cuba, con su propio capital cultural, esté en pie de igualdad con la industria cultural global, y no sea un mero escenario o lugar de destino. Siempre hemos sido un país económicamente vulnerable, pero culturalmente Cuba nunca ha sido segunda de nadie. Nuestra cultura tiene un peso específico a nivel mundial que nada tiene que ver con nuestra riqueza material y ese es nuestro más importante recurso.

Pero quizás la diferencia más relevante fue el público: los Rolling Stones llevan 50 años dándole la vuelta al mundo y fue grandioso por fin tenerlos en Cuba. Sin embargo, Major Lazer era el hit global del momento, la banda sonora de una gran mayoría de los jóvenes en Cuba, la banda que soñaban con ver algún día en vivo.

Quienes fueron al concierto estarán de acuerdo –incluso los agentes de Major Lazer que se pasan la vida asistiendo a todo tipo de conciertos alrededor del mundo– en que nunca habían visto un público más feliz.

MH: ¿Cuál fue el momento de mayor tensión durante la preparación del concierto?

FP: Hubo varios, aunque en general siempre avanzamos con un espíritu muy positivo. El primer momento difícil fue cuando se decidió que el concierto fuese en la Plaza de África en Alamar. Sin embargo, Major Lazer quería un lugar más céntrico y que identificara a La Habana de manera inmediata. Al final logramos cambiar la fecha y el lugar, pero el margen de tiempo era tan corto que por poco se cancela el concierto.

Hubo varios momentos de mucha tensión porque solo se esperaba la asistencia de unas 30 a 50 mil personas. Aquello se fue llenando y todo el mundo empezó a ponerse muy nervioso. Cuando nos dimos cuenta de que había casi medio millón de personas, nos preocupamos muchísimo por la seguridad del público.

Recuerdo que hubo un momento bastante conmovedor al principio del concierto, en que nos dimos cuenta de que todos los que trabajamos en su organización, agentes, managers, relaciones públicas, equipo técnico, productores, estábamos llorando de emoción. Supongo que no podíamos creer que al fin estuviéramos ahí, que aquello fuera real, y creo que eso también pasó con una buena parte del público.

Lo maravilloso es que no hubo que lamentar ningún incidente, lo quetiene que ver principalmente con el espíritu que generó ese concierto, y que el público se mostró en general muy agradecido y colaboró para que todo fuera un éxito. Eso fue importante, porque todavía existen bastantes prejuicios con la música electrónica y los comportamientos que supuestamente este tipo de música genera.

MH: ¿Por qué decidiste hacer un festival en Cuba?

Ante todo, por una razón muy personal, que es mi amor por la música. Vengo de una familia de músicos, crecí oyendo y bailando música del mundo entero, estudié música en los conservatorios de La Habana y fui músico profesional. La música ha marcado mi relación con la cultura  y mi  manera de entender la vida, el mundo y las relaciones humanas. La música es una de las cosas más poderosas sobre la tierra, una de esas cosas que mueve este mundo y toca a la gente en sus fibras más profundas. En el caso de Cuba, es uno de nuestros patrimonios más preciados e influyentes y un componente esencial de lo que nos define como pueblo y nación. Sin embargo, eso no ha sido por arte de magia, tiene que ver con nuestra historia. En los últimos años el intercambio musical fresco y continuo de Cuba con el mundo se ha visto seriamente mermado. La voluntad de hacer una gran fiesta internacional de la música en Cuba viene del deseo de reactivar esos puentes musicales y culturales con el Caribe y con el mundo, con África, Brasil y los Estados Unidos.

Pero hay otra cosa tal vez más importante, y es que hay varios modelos de desarrollo económico y cultural compitiendo ahora en nuestro país. Creo que es muy importante que Cuba avance hacia un modelo sostenible de economía de la cultura y que precisamente ese modelo informe y enriquezca la manera en que concibamos el desarrollo de otras esferas, como el turismo, la protección ambiental, o el desarrollo urbano y comunitario, por citar solo tres ejemplos. Después de haber invertido durante tantos años en la educación, la investigación científica y la salud, sería lamentable volcarnos hacia un modelo de desarrollo económico especulativo que no capitalice lo que nos hace todavía un lugar único en el Caribe y en el mundo. Pienso que estas polémicas serán cada vez más intensas en nuestro país y que son vitales y necesarias.

MH: El festival anunció conciertos en Cuba de músicos como Sean Paul y Carlinhos Brown, que finalmente no se concretaron. ¿Qué sucedió?

Armar un programa de tal magnitud fue un trabajo arduo de más de dos años. Es sumamente difícil crear todas las asociaciones necesarias para organizar un evento así en nuestro país, sobre todo porque no estamos trabajando con millones de dólares. ¿Qué sucedió? Todavía estamos tratando de entenderlo. Esas seis semanas que empezaron con el concierto de Major Lazer, al que siguieron la visita de Obama, el juego de pelota entre los equipos de Cuba y Tampa Bay, el concierto de Rolling Stones, el desfile de Chanel, y la filmación de Rápido y Furioso, fueron extremadamente intensas y únicas en la historia contemporánea de Cuba. Hubo muchas polémicas sobre los destinos posibles de nuestro país, especialmente en lo que respecta al tipo de relación que queremos con los Estados Unidos. En ese contexto nuestra situación era muy frágil, no éramos una prioridad. ¿Cómo exactamente se rompió la cadena? Esa es una historia que queda por contar. Después de casi tres años de trabajo arduo, solo tuvimos 7 escasos días para hacer un buen festival.

MH: Musicabana es un festival internacional anual. ¿Piensas retomar ese proyecto?

FP: Un evento así es necesario y es positivo, cultural y humanamente, y también social y políticamente. Genera buena voluntad y realza la imagen de Cuba a partir de lo que Cuba nunca ha dejado de ser, ni en los momentos más vulnerables de su historia, una encrucijada cultural y una fuente de creación e influencias inagotables.

Musicabana no es una quimera, sino una posibilidad real, aquí y ahora, de hacer en Cuba un festival internacional de música, que sea una referencia para el mundo, como una vez lo fue el Festival de Varadero. La asistencia de medio millón de personas habla por si sola.

MH: ¿Trabajas en algún otro proyecto vinculado a Cuba o a la cultura cubana?

FP: En  varios, todos ellos orientados al desarrollo de una economía sostenible de la cultura en nuestro país. Hemos aprendido mucho haciendo este trabajo en los últimos años y seguimos trabajando para establecer una relación de confianza con las instituciones y los agentes de la cultura en la que podamos contribuir fructíferamente a la vida cultural de nuestro país.

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